12 feb. 2013

Roto todo.

Se acabó. Esta historia ha tocado fondo. Y ésta es la definitiva.

Ya no hay nada que hacer.

Olvidar. Cómo se olvida lo que llevas clavado en lo más profundo de tu alma y de tu ser, cómo. Es imposible, es como intentar desprenderte de una parte de ti, una prolongación. Es matar una parte de tu alma.

Y el vacío que se queda. Insoportable.

Es imposible de aceptar, sabes que es algo sin lo que no quieres vivir. De hecho, es lo único que sabes con lo que te gustaría vivir eternamente. Y no puede ser. Tiene que desaparecer ese deseo de ti.

Tener la sensación de que de la noche a la  mañana se ha destrozado mi mayor sueño. Ahora sabes con certeza que jamás se cumplirá.

Tal vez duele demasiado.

Y ahora tengo un puzzle formado por millones de pedazos de mi ser que no sé cómo empezar a reconstruir.
La verdad que ni sé cómo empezar a aceptar esto. Ni por dónde empezar. Ni cómo.

Por no saber, no sé ni lo que quiero ni espero de mi vida.

Ojalá hace ahora cinco años nunca hubiéramos coincidido en aquella maldita habitación.

Es verdad, tal vez si hubiera sido así nunca habría aprendido que se puede amar hasta que se desgarra el alma a pedazos. Que se está dispuesto a cometer las locuras más inimaginables por amor. Que se pueden pasar más de los 3600 segundos de una hora pensando en una persona. Que se pueden llegar a imaginar las cosas más preciosas e increíbles, contigo.

A pesar de todo me has enseñado que se puede rozar el cielo sólo con un beso. Que un abrazo te hace olvidar el mundo. Y a soñar despierta hasta el punto de que los sueños pueden llegar a hacerse realidad.
Odio las despedidas. Odio tener que decir adiós a nuestro amor. Odio tener que seguir, pero sin ti.

Me moriré de ganas de decirte que te voy a echar de menos.