A veces nos empeñamos en aferrarnos a algo, pensando que eso es la cura para todos nuestros problemas, que si no lo conseguimos, nunca llegaremos a estar completos, a ser felices, que es algo que tiene que ser parte de nuestra vida.
Y creemos que sin eso no se puede vivir. Nos hemos acostumbrado tanto a depender que ya no sabemos por dónde cortar los lazos que nos unen. Es como una parte de nosotros de la que nos queremos desprender, mientras una parte de nuestro subconsciente nos susurra que sin eso no podemos vivir.
Pero no es así. Una vez vivimos sin ello.
Y por mucho que cueste, sabemos que en el fondo, es lo mejor.
Mi amor, este poema
es para que lo leas cuando no esté a tu lado,
cuando no pueda ya cuidar de ti.
No te conformes nunca con alguien que no piense
que tú eres una llama más antigua que el fuego,
que tú eres su razón para vivir.
Aprende a no querer a los que no te quieran
y elige bien a qué le tendrás miedo:
no habrá sombra que oculte lo que tú temas ver.
Escapa del que piense
que el aire es la pared de lo invisible
y huye de aquel que crea
que es más feliz quien menos necesita,
porque ése no podría necesitarte a ti.
No te rindas, no olvides jamás que la tristeza
sólo es la burocracia del dolor.
Y si sientes que el mundo se derrumba,
no intentes abrazarte
a otro que esté cayendo a la vez que caes tú,
como yo hice conmigo.
Algún día
tendrás que despertarte para salvar tus sueños.
Algún día sabrás que en las promesas
hay siempre un cristal roto
en el que aúlla el viento frío de la mentira.
Recuerda todo eso.
No escondas lo que sientes por miedo a ser frágil,
como aquellos
que por guardar tan bien lo que más les importa,
lo pierden para siempre.
Recuerda que no hay nada que no pueda
ocurrir cualquier día.
No olvides que esta obra ha terminado.
No olvides que le hablas a un teatro vacío.
Benjamín Prado
(Del libro "Marea humana" en su segunda edición ampliada).
Informó que sufría taquicardia cada vez que lo veía, aunque fuera de lejos.
Declaró que se le secaban las glándulas salivales cuando él la miraba, aunque fuera de refilón.
Admitió una hipersecreción de las glándulas sudoríparas cada vez que él le hablaba, aunque fuera para contestarle el saludo.
Reconoció que padecía graves desequilibrios en la presión sanguínea cuando él la rozaba, aunque fuera por error.
Confesó que por él padecía mareos, que se le nublaba la visión, que se le aflojaban las rodillas. Que en los días no podía parar de decir bobadas y en las noches no conseguía dormir.
-Fue hace mucho tiempo, doctor -dijo-. Yo nunca más sentí nada de eso.
El médico arqueó las cejas:
-¿Nunca más sintió nada de eso?
Y diagnosticó: -Su caso es grave.
Una vez más, me dejo transportar por
la música, dejar que sea la banda sonora de mi vida y descubrir
todas las sensaciones que despierta en mí. No puedo dejar de
escuchar estas canciones, me hace pensar en todo, desde el principio,
y sobre todo, ver la cuarta etapa: la realidad.
Febrero de 2008. Todavía recuerdo la
primera vez que te vi. Creo que nunca podré borrar esa imagen de mi
cabeza. Dicen que para que algo nos guste primero tiene que entrar
por los ojos, tú entraste directa a dar un vuelco a mi corazón. Si
entonces hubiera sabido por todo lo que iba a pasar a lo mejor me
habría pensado dos veces el conocerte, pero ahora sé que eres una
de las mejores cosas que me ha pasado en la vida, y que si pudiera,
volvería a conocerte cientos de veces.
El sueño. ¿Lo imposible puede llegar
a ser posible? O mejor dicho, ¿podemos conseguir lo improbable?
Miles de historias, de noches, tantas cosas compartidas, vividas. Te
veía como mi mayor sueño inalcanzable, sabía que jamás podría
llegar a estar contigo, eras demasiado para mí. Pero ahí estabas
tú, para ayudarme a soñar, y soñar conmigo. Poco a poco, tanteando
el camino, hasta que un día explotó. Todavía me acuerdo, casi
muero esa noche, no sé si de miedo o de ilusión. Y es la sensación
de que tu mayor sueño está al alcance de tu mano, la que te hace
vivir en una nube, y actuar sin saber qué estás haciendo realmente.
Y el miedo a dar un paso más acecha, miedo al rechazo, a que toda tu
ilusión se destroce de golpe. Sabes que estás poniendo en juego
cada pedazo de tu ser, que serías capaz de entregarlo todo, sin
condiciones. Demasiados riesgos tal vez, pero, ¿por qué vale la
pena la vida, si no corremos riesgos?
Lo de fuera. Tú, ahí estás tú. Tan
perfecta a mis ojos y a la vez tan inalcanzable. Pienso que cada uno
tiene su propia idea de perfección, yo encontré la mía gracias a
ti. Me encantas, me gusta todo de ti. Sé que sí, que "todos tenemos defectos", y por eso muchas veces he intentado buscarte aunque sólo sea uno, no puede ser que seas tan perfecta para mí, pero todavía sigo buscando... Y es que podría darte cien mil motivos para explicarte por qué...
Lo de dentro. Y es que nadie sabe todo
lo que he llevado, y llevo, por dentro. Las noches en las que reí o
las que lloré. La de veces que me habría arrancado el corazón del
pecho para dejar de sufrir. Y es que el amor puede llegar a ser lo
más doloroso del mundo, al igual que es el mismo que te puede dar el
mayor placer. Demasiado contradictorio tal vez. Y es que ardo por
dentro cuando pienso en rozar tus labios, en tus besos, tu aroma, tus
manos, tu cuerpo y mi cuerpo unidos en un abrazo eterno. Y muero
cuando despierto, abro los ojos, y no te encuentro.
La realidad. Y de pronto un día
decidiste quedarte a vivir en mi pensamiento. Y aquí estoy, contigo
pero sin ti. Y es que somos dos tontas que nunca aprendieron a hacer
las cosas bien, que siguen sus propias reglas. Esas reglas de las que
no conocemos los límites. Y sé que lo mejor que me ha pasado es
sobre pasar todos los límites contigo, y a pesar de si esté bien o
mal, es algo de lo que jamás me arrepentiré.
Y me busco en la memoria el rincón
donde perdí la razón, y la encuentro donde se me perdió cuando
dijiste que no... Y ya hace
tiempo que acepté que hasta que pierda uso de razón, vivirás
conmigo, día sí, y día también.
La realidad es... que estoy loca por
ti.
Si no te vuelvo a ver, no quiero
despertar; la realidad no me abandona.
"Y digo que, a veces, no soltar es la muerte. A veces la vida está relacionada con soltar lo que alguna vez nos salvó. Soltar las cosas a las cuales nos aferramos intensamente creyendo que tenerlas es lo que nos va a seguir salvando de la caída. Todos tenemos una tendencia a aferrarnos a las ideas, a las personas y a las vivencias. Nos aferramos a los vínculos, a los espacios físicos, a los lugares conocidos, con la certeza de que esto es lo único que nos puede salvar. Creemos en lo "malo conocido", como aconseja el dicho popular. Y aunque intuitivamente nos damos cuenta de que aferrarnos a esto significará la muerte, seguimos anclados a lo que ya no sirve, a lo que ya no está, temblando por nuestras fantaseadas consecuencias de soltarlo."
Y de repente un día decides romper con todo, y soltar todo aquello sin lo que creías que no podrías vivir. Y el resultado es más que satisfactorio.
Y ya lo dicen, las cosas llegan cuando menos las esperas, y así ha sido. Dejar atrás el pasado y disfrutar del día a día con una sonrisa, así de simple.